Aún se
sorprenden nuestros compatriotas, incluso la oposición, cuando les dicen, como
lo hace Human Rights Watch en su Informe, que Venezuela vive una falsa
democracia.
Osvaldo
Hurtado, expresidente ecuatoriano habla de dictaduras del siglo XXI y, en lo
personal, prefiero llamar demoautocracias a las que surgen bajo el paraguas del
socialismo del siglo XXI, pues la gente opta por la dictadura alegremente,
votando. Pero ello ocurre en nuestro caso como reflejo de lo que somos, un pueblo sin madurez
democrática y cultor del militarismo. No obstante nos decimos demócratas, y
cuando alguien afirma lo contrario nos irritamos o creemos que exageran.
Lo cierto
es que no hay democracia en Venezuela, así tengamos a opositores electos como
alcaldes o gobernadores. Con
elecciones, es verdad, se inicia la experiencia de la democracia, pero
no bastan para vivirla. Nuestros dictadores militares, que han sido los más en
casi 200 años de historia, desde 1830 cuando el general Páez nos da patria,
hacían elecciones. Les gustaba se les llamase -Pérez Jiménez sobre todo- presidentes constitucionales.
E imponían a sus sucesores, dentro de la mejor tradición constitucional
bolivariana.
La democracia, en la cultura occidental, es
derechos humanos. Sin
embargo, el régimen actual nos eliminó el derecho a la tutela de esos derechos
al separarse de la Comisión y la Corte Interamericanas de DD. HH. Aparte, la
vida nada vale como derecho. Suman
200.000 los homicidios, mientras la Defensora del Pueblo -a quien la ONU
le llama la atención por ello- opta por defender la revolución por encima de
las garantías de sus conciudadanos. Y la democracia exige separación e independencia de
poderes, que rechazan como premisa la misma presidenta del TSJ y la
Fiscal General. Tanto que el celebérrimo coronel Aponte Aponte cuenta que cada
semana, en Miraflores o la Vicepresidencia, estas deciden el destino de la
justicia en conciliábulo con el régimen.
Solo en democracia se accede al poder conforme al
Estado de Derecho, y
Nicolás Maduro lo hizo conforme al testamento de su predecesor. Al efecto la Sala Constitucional,
sirviente, aplanó la Constitución para que diga lo que no dice. Maduro no podía
asumir como encargado presidencial sin el juramento de Hugo Chávez y él mismo,
como vicepresidente, estaba inhabilitado para ser candidato.
La
columna vertebral de la democracia es la libertad de prensa. Y es cierto que
los venezolanos, deslenguados, a diario hablamos pasguatadas sin que nadie nos
recrimine, salvo cuando está presente un cabillero de la revolución o Guardia
del Pueblo. Aun así se ha impuesto una hegemonía comunicacional de Estado. El
régimen viene con su tijera por las telenovelas y deja sin papel a la prensa
escrita independiente, salvo a la suya.
Transparencia y probidad son exigencias de la
democracia. Mas en
Venezuela no hay estadísticas fiables ni las muestra el régimen y se han
desaparecido, en francachelas revolucionarias, cerca de 1.300 billones de
dólares. La botija está
vacía y no hay un solo preso por la corrupción que nos anega.
La subordinación de la Fuerza Armada al poder civil
es clave de la democracia, y causa
hilaridad desde que, bajo los cánones de la Constitución de 1999, el mundo
militar se hace transversal al sistema institucional para militarizar a los
civiles. De modo que, cumplimos 15 años bajo gobierno de militares, con una
breve mascarada cívico-militar desde cuanto Maduro es impuesto como causahabiente.
Nada
agrego con relación a los otros dos elementos sustantivos de la democracia, a saber, la existencia de partidos políticos
y la celebración de
elecciones justas y libres, pues hay tela que cortar. Por lo pronto, fue
decisión impuesta por Chávez, en 2004, con La Nueva Etapa, la formación de un
partido único, el PSUV, que desde el 2010 se declara oficialmente marxista. Los
partidos del siglo XX son franquicias en la actualidad y los que se han
proyectado hacia el siglo XXI, con vocación democrática cabal, son perseguidos
con saña. Entre tanto, las rectoras revolucionarias del Poder Electoral se
ocupan de perfeccionar su
caja negra para que el régimen jamás pierda elecciones, como ocurre en
Cuba y ocurriera en el Iraq de Saddam y en la Libia de Gadafi.
No pocos
compatriotas, en fin, se dan por servidos con la democracia de utilería que
tienen y han aceptado. Les basta mientras el gendarme o “César democrático” de
turno les realice el mito de El Dorado. Siempre ha sido así. La cuestión es que
se acabaron los dólares y los anaqueles están vacíos. Hoy les sorprende, por lo
mismo, el despertar, luego de la larga borrachera revolucionaria.
Unos comentarios:
Interesante articulo.
Dice La Causa Radical que la democracia en su concepto original es: decidir y ejecutar entre iguales las soluciones acordadas y participar todos en la ejecución.
De esta manera parece que la democracia es mas acción y desempeño que elecciones a montón. no comenta nada usted sobre el desempeño de los últimos cuarenta años.
Los venezolanos no somos democráticos porque el militarismo sometió la justicia y la ley a sus designios y pareceres. El venezolano se acostumbro a que las leyes son letras muertas y a nadie les interesa su contenido y mucho menos las obligaciones individuales que ellas generan.
El venezolano no se somete a la ley, nosotros sometemos a la ley y por eso Mr.Mad es el Presidente.
Si los partidos quieren futuro, solo hay un camino, muy largo, educar al pueblo, organizar al pueblo y luego tomar la calle. Tome usted cualquier militante de cualquier partido y hágale un examen teórico y practico sobre democracia , le aseguro un éxito del 1%, no están educados para la democracia.
En fin como usted dice, tenemos un parapeto que denominamos "Democracia"

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